N ° 07/2000
Buenos Aires, marzo 27 de 2000.-
En una pequeña ciudad durante un juicio uno de los abogados llama a su primera testigo. Ella es una señora madura, elegante y distinguida.
-¿Usted me conoce Sra. Jones? -pregunta el abogado para comenzar-
-Claro que lo conozco Sr. Smith. Lo conozco desde que era un joven estudiante de la secundaria y ciertamente ha sido una desilusión para mí. Usted miente, traiciona a su esposa, manipula gente y habla luego mal de ellas a sus espaldas. Además se cree una inteligencia superior, y francamente es un estúpido jamás ha hecho algo útil, solo puede empujar montañas de papeles. Claro que lo conozco.
Atónito el abogado comienza a balbucear sin saber que hacer pero por instinto repregunta a la testigo, señalando a abogado contrario.
-¿Y Usted Sra. Jones conoce también a ese abogado?
-Sí Usted sabe que conozco al Sr. Bradley también desde muy pequeños y francamente él también ha sido una desilusión para mí. Es vago, intolerante, vive tomando alcohol. Resulta incapaz de tener una relación normal con nadie y todos sabemos que sus prácticas judiciales son de las más repudiables en este estado. Claro que lo conozco.
En este punto el Juez ordena silencio a la sala y llama a los dos abogados al estrado. Allí en voz muy baja les dice:
-Les advierto que los enviaré a prisión por desacato si alguno de ustedes se atreve a preguntarle a la Sra. Jones por mí.